El valor de entendernos biológicamente

Todo lo que hay en nuestros cuerpos, tanto en lo externo como lo interno, fue diseñado para sobrevivir.

Es así como nuestros antecesores frente a las amenazas de los depredadores y otros agresores se disponían a huir o luchar. Esa disposición se debía a que el cuerpo produce, a través de las glándulas suprarrenales, dos hormonas: el cortisol y la adrenalina que aceleran el flujo sanguíneo al corazón y la frecuencia cardíaca predisponiéndonos a la acción. Sin embargo, una vez que la amenaza finaliza tanto el cortisol como la adrenalina abandonan el torrente sanguíneo.

Hoy en día no es habitual las amenazas de depredadores, pero si existen otro tipo de situaciones que producen en el ser humano las mismas reacciones. Es que a nuestro cerebro Paleolítico no le importa comprender cuando una amenaza es riesgosa para nuestra vida, simplemente pretende incrementar nuestra supervivencia.

Ahora, si las situaciones de tensión permanecen en el tiempo o son demasiado intensas nuestro cuerpo entra en lo que se denomina estado de resistencia. Las hormonas segregadas no regresan a su nivel de origen y nuestro organismo queda en alerta, resistiendo ante la posible adversidad. Esta situación puede suprimir el sistema inmunológico e incrementar el riesgo de padecer muchos problemas de salud.

Por otro lado, nuestro cuerpo produce hormonas que contribuyen a nuestros sentimientos positivos. Básicamente son: la endorfina, la dopamina, la serotonina y la oxitocina. Cuando nos invade una sensación de alegría o felicidad es probable que una o más de ellas están circulando por nuestras venas. Eso sí, siempre con el objetivo de nuestra supervivencia.

La endorfina es producida por nuestro cerebro estimulando los centros de placer y creando situaciones satisfactorias que contribuyen a enmascarar el sufrimiento. Es la causante de la sensación de plenitud, felicidad, euforia que sientes cuando estás haciendo algo que te gusta. También permite que los seres humanos tengan una notable capacidad para la resistencia física, lo que permitía a nuestros ancestros tener confianza durante las cacerías. La risa es la mejor fuente de endorfinas ya que influye sobre la química del cerebro y del sistema inmunitario. Evocar buenos momentos o imaginarlos mediante técnica de visualización ayudan a la producción de endorfina, así como también el ejercicio físico y los trabajos manuales.

La dopamina es un neurotransmisor que activa un mecanismo cerebral que se llama circuito de recompensa que hace que tendamos una y otra vez a repetir comportamientos y consumos en busca de esa sensación. Es el motivo de la sensación agradable que nos invade cuando encontramos algo o hacemos algo que era necesario hacer. Cuando nos ponemos objetivos o tenemos una visión que queremos alcanzar y podemos visualizarla o imaginarla, el cuerpo produce pequeñas dosis de dopamina para que nos pongamos en marcha. Pero cuidado, porque la deficiencia o exceso de esta sustancia química es la causa de trastornos mas o menos severos, como la enfermedad de Parkinson, la drogadicción, el alcoholismo, la nicotina, los juegos de azar e incluso la adicción a las redes sociales.

La serotonina, es la sustancia química que regula nuestro estado de ánimo. Tiene la capacidad de llevar a cabo las reacciones químicas necesarias para aumentar nuestro sentimiento de bienestar y satisfacción. Origina el sentimiento de orgullo que nos invade cuando nos damos cuenta de que le gustamos a otros o de que nos respetan, que nos valoran por el esfuerzo que invertimos en el bienestar de otros miembros del grupo. Nos hace sentir fuertes y confiados, como si pudiéramos hacer cualquier cosa.

La oxitocina es una hormona y un neurotransmisor. Cuando actúa como este último, esta implicada en comportamientos relacionados con la confianza, el altruismo, la generosidad, la formación de vínculos, los comportamientos de cuidado, la empatía, la compasión. Regula el miedo, eliminando las respuestas de parálisis. Permite la cohesión entre grupos de personas y es fundamental para las relaciones sociales. Está relacionada con las emociones con la inteligencia interpersonal. La oxitocina se libera mediante el contacto físico, esa sensación cálida que experimentamos cuando abrazamos a alguien, cuando estamos rodeados de amigos íntimos o de compañeros de trabajo en quienes confiamos, cuando recibimos o damos palabras de aliento, cuando escuchamos activamente sin juzgar, cuando hacemos algo positivo. Son oxitocina no estaríamos aquí porque es la que nos hizo sociales y nos permitió agruparnos para defendernos de las amenazas externas.

La endorfina y la dopamina nos ayudan a hacer cosas, a accionar. La serotonina y la oxitocina nos ayudan a socializar y cooperar.


¿Cuál es la importancia de conocer esto para el Líder?


Es importante porque en la medida que el líder sea consciente de cómo estamos constituidos bilógicamente los seres humanos, podrá influir en el bienestar de quienes lidera.

Los altos índices de cáncer, diabetes, cardiopatías y otras enfermedades prevenibles, nos alertan sobre los ámbitos estresantes donde se desarrollan las actividades. Liberamos cortisol y adrenalina cuando nos sentimos amenazados, ya sea real o imaginariamente. Un ámbito laboral donde la confianza entre empleados o entre líderes y empleados es débil, donde tenemos miedo de manifestarnos, de equivocarnos, donde si la empresa no alcanza los números esperados los despidos están al alcance de la mano, donde la politiquería es el quehacer de todos los días, donde la gente no suele relacionarse entre sí, es un ámbito donde el cortisol y la adrenalina corren por las venas de sus integrantes. Estas sustancias inhiben la liberación de oxitocina, la hormona responsable de la empatía, haciendo que la gente invierta tiempo y energía para protegerse frente a las políticas y otros peligros dentro de la compañía, volviéndose más egocéntricos e indiferentes hacia los demás o hacia la organización. La consecuencia en el mediano, largo plazo son las enfermedades mencionadas.

Por eso, el objetivo de todo líder es construir ambientes de trabajo donde corran por nuestras venas en forma equilibrada la endorfina, la dopamina, la serotonina y la oxitocina. Como dice Simon Sinek en su libro “Los líderes comen al final”:

“…cuando el sistema está equilibrado, parece que conseguimos una capacidad casi sobrenatural. Valor, inspiración, previsión, creatividad y empatía, por mencionar sólo unas cuantas cosas. Cuando todas esas cosas ejercen una influencia, los resultados y las sensaciones que las acompañan son, simplemente, maravillosas.”

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