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Seguí reflexionando



La segunda semana de mis vacaciones también la pasé frente al mar y seguí reflexionando aunque esta vez mis conclusiones no surgieron de observarlo.

Surgieron a partir de pensar que cosas son indispensables para lograr lo que uno se propone y que aunque le demos vuelta son lo que son, aún con los transcursos de los años, los cambios del contexto, las modas, etc.

Durante mi vida he leído a muchos autores que trataban este tema y considerando a personas que conozco que han logrado lo que se proponían, he llegado a la conclusión de que las personas que logran lo que quieren tienen dos condiciones indispensables: un fuerte deseo y un dominio de sus pensamientos.

Por supuesto que hay otras importantes, pero sin estás dos me parece que es imposible lograr lo que uno quiere.

El deseo es lo que nos impulsa, lo que nos saca de la zona de confort. No solo implica saber claramente qué es lo que se quiere lograr, sino que también debe despertar la pasión y la obsesión por lograrlo sea como sea, respetando los valores que uno profesa. El deseo genera entusiasmo, el combustible necesario para sortear cada obstáculo que se presente. Hay muchos ejemplos en la historia de la humanidad, para mí el más significativo es el de Mahatma Gandhi. Su fuerte deseo y su obsesión por lograrlo sea lo que sea, fue el punto de partida para lograr la independencia de la India sin usar la fuerza.

Creo fervientemente que cuando alguien conoce y le apasiona lo que quiere, se obsesiona con lograrlo. Aunque para eso va a necesitar de la segunda condición.

La segunda condición que tienen las personas que logran lo que quieren es el dominio de sus pensamientos. La mayoría de las personas no logran lo que quieren porque ante el primer tropiezo sienten que fracasaron. Son conscientes que en el camino hacia lo que desean habrá muchas frustraciones y cuando estás se apoderan de las personas el resultado es abandonar su deseo.

Como la historia de ese hombre que le pregunta al sabio: “Sabio, ¿dónde encuentro el éxito?” El sabio le índica es por ese camino.

El hombre comienza a caminar en busca el éxito y llega a un lugar donde aparecen varios hombres que le dan una tremenda golpiza. El hombre piensa que no debe haber entendido la indicación del sabio. Entonces vuelve a verlo y le repite la misma pregunta. El sabio le da la misma respuesta: “es por ese camino”

El hombre emprende el camino y al llegar al mismo lugar los hombres vuelven a aparecer y lo golpean.

Enojado el hombre regresa y le dice al sabio: Señor, ud. me indica que por ese camino encuentro el éxito y al llegar a un determinado lugar un grupo de hombres salen y me golpean. Me puede indicar dónde encuentro el éxito.

El sabio le responde: “está por ese camino pasando a los hombres que lo golpean”

El fracaso genera una enorme cantidad de excusas que terminan convenciendo a la persona que lo que quieren lograr es imposible. Corolario, abandonan.

Debemos ser conscientes que nuestro cerebro está diseñado para proteger nuestra vida y por eso tiende a pensar en forma negativa. Pero también debemos ser conscientes que tenemos el poder de cambiar nuestros pensamientos. Si cambio lo que pienso, cambia lo que siento y cambia lo que hago.

Por eso, el estado mental para alcanzar lo que queremos debe ser la convicción. Pensamientos reiterados que producen emociones positivas que, en conexión con el deseo, hacen que surja la fe.

Desde este estado mental todo aquello que parece imposible nos da fuerzas para seguir adelante y hacerlo posible. Es el estado mental con el que Gandhi consiguió la enorme proeza de seducir a doscientos millones de personas para formar un conglomerado y lograr el deseo que lo había impulsado

“No hay limitaciones para la mente, excepto las que aceptamos”. Napoleón Hill

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