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No te falta voluntad

hace 6 días
4 min de lectura


Pensa en algo que hayas decidido cambiar de vos mismo, algo íntimo, que decidiste una noche, sabiendo que tenías razón. Hacer dieta, dejar de postergar, empezar a decir que no, bajar un cambio, escuchar más en tu casa. Ahora pregúntate, ¿Lo seguís haciendo?

Hace un tiempo escribí que definir un cambio es relativamente simple, que implementarlo es un desafío, y que lo verdaderamente difícil es sostenerlo. Sigo pensando lo mismo y hoy le agrego algo, durante años me expliqué mal por qué se caen.

La explicación fácil es la voluntad, que nos falta disciplina, constancia, carácter. El problema es que no se sostiene. Conozco gente que levantó una empresa desde cero, que progresó desde la nada, que estudió de noche después de trabajar todo el día, y que no puede sostener durante tres semanas una decisión chiquita sobre sí misma. Entonces me pregunto: alguien capaz de eso ¿tiene un problema de voluntad? Yo creo que es otra cosa.

Muchas de las conductas que repetimos durante años nos están dando algo, incluso aquellas que nos molestan y queremos dejar. Nadie sostiene un comportamiento inútil demasiado tiempo. Así que cuando decidimos cambiarlo, sin darnos cuenta estamos poniendo en riesgo eso que nos daba, y una parte nuestra sale a defenderlo.

Pensalo en estos términos, alguien decide empezar a decir que no y no lo logra. La explicación habitual es que le falta firmeza. Pero al decir que sí, siente que siempre está, el imprescindible, el que nadie quiere perder. Si dice que que no lo deja expuesto a una posibilidad que le resulta insoportable, que es dejar de importar. Otro decide bajar el ritmo, descansar, parar los domingos, y no puede. Es que si para, aparecen preguntas que viene esquivando hace años, y moverse todo el tiempo es la manera más elegante que encontró de no escucharlas. Otro se propone hablar menos y escuchar más, y a la tercera reunión ya está hablando igual que siempre, porque hablar es la forma en que se asegura de que lo tomen en serio.

En los tres casos no hay debilidad, hay dos compromisos al mismo tiempo. Uno lo eligió la persona, de frente, con nombre. El otro nunca lo eligió, pero está, y es más viejo, y trabaja de noche. Es como remar con todas las ganas y con el ancla tirada. Podes remar más fuerte, más horas, podes cambiar de técnica. La consecuencia es que terminas agotado y en el mismo lugar, y encima convencido de que el problema es que no remas lo suficiente.

Muchas veces, debajo de todo eso hay una creencia que nunca revisamos. Si digo que no, dejo de importar. Si bajo el ritmo, me pasan por encima. Si no hablo, no cuento. Son frases que ni siquiera pensamos, porque no las tratamos como opiniones sino como verdades.

Probablemente las aprendimos en algún momento de nuestra historia porque nos sirvieron para algo. Tal vez decir siempre que sí fue una manera de sentirnos queridos. Trabajar sin parar, una forma de sentirnos valiosos. Hablar y tener respuestas, una manera de conseguir reconocimiento. El problema es que seguimos usando esas respuestas muchos años después, con una vida completamente diferente. Quizás simplemente está intentando protegernos con información vieja.

Por eso creo que la pregunta útil que debe hacerse es: ¿Qué estoy protegiendo con esto que quiero dejar? Y luego, ¿qué tengo miedo de que pase si lo suelto? Es una pregunta incómoda porque no tiene respuesta técnica. No la contesta una rutina, ni un método, ni la IA, la contesta uno. Y mientras no esté contestada, cualquier estrategia que se arme encima va a estar remando contra tu propia ancla.

Ahora bien, una vez que uno hace consciente lo que estaba protegiendo, hay cosas que ayudan y son bastante simples.

La primera es probar la creencia en chiquito. Si crees que decir que no te va a costar el afecto de la gente, decí un solo no esta semana, uno solo, al pedido menos importante que te hagan y fijate qué pasa realmente. Casi siempre pasa mucho menos de lo que anticipabas, y esa diferencia entre lo temido y lo ocurrido es el material con el que se afloja una creencia vieja.

La segunda es hacer el cambio más pequeño de lo que te parece digno. Casi todos diseñamos cambios para nuestra mejor versión, un cambio que solo sobrevive en tus buenos días no es un cambio, es una intención. Tiene que ser tan pequeño que aguante un mal día, porque la única prueba que importa es la semana difícil.

Y la tercera es volver rápido. La diferencia entre quien sostiene algo y quien lo abandona casi nunca es que uno falle y el otro no, fallan los dos. La diferencia está en que uno lo toma como un dato y al día siguiente retoma. El otro lo toma como una sentencia sobre quién es y deja de intentar. Fallar no termina un cambio, lo termina la conclusión que sacamos.

Así que no creo que te falte voluntad, creo que hay algo tuyo que te está cuidando y lo está haciendo bien.

Y que el día que entiendas qué es y de qué te protege, vas a poder decidir de nuevo, con las dos manos libres esta vez.

 


 
 
 

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