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Antes de exigir, mirarse


Eran épocas de adolescencia, entre 14 y 15 años. Un jueves al final de la tarde me encontraba armando el bolso porque al otro día salía de campamento. Al colegio donde iba se solía hacer un campamento para los niños que ese año habían tomado la comunión y yo iba como ayudante del padre Lino que lo organizaba. Eran campamentos muy divertidos, donde la pasaba muy bien. Lo más importante, fútbol. Luego, guitarreadas alrededor de la fogata bajo un cielo lleno de estrellas. Porque viste que en el campo pareciera que el cielo tiene millones de estrellas más que el cielo de la ciudad. Juegos nocturnos con linternas, búsquedas del tesoro, buscar ramas para encender el fuego. Todo era un conjunto de actividades que me encantaban.

Ahí estaba yo, terminando de armar mi bolso feliz por el fin de semana que me esperaba.

En eso entra mi madre y me pregunta si ya había terminado de armar el bolso, a lo que respondí que sí. Cuando ella observa el bolso me dice: “cómo vas a llevar ese bolso, es viejo, está feo. Mejor cambialo”. En ese momento me empecé a poner nervioso.

Yo le dije que no, que ese bolso estaba bien, no rompas mamá.

Mi madre era de esas madres tranquilas, no se enojaba mucho y cuando lo hacía en lugar de retarte te decía lo que muchas madres decían es esa época. “Ya vas a ver cuando venga tu padre”. Pero esa tardecita, decidió arremeter. Mis nervios ya no eran nervios, era desesperación. ¡No mamá! Deja que llevo ese, le dije. Ni la hora me dio, tomó el bolso y empezó a sacar la ropa que yo prolijamente había ordenado. Y pasó lo que tenía que pasar. En el fondo del bolso, estaba mi paquete de cigarrillos L&M y como era de esperar lo encontró.

¿Y esto?  Me dijo. ¿Fumas?

En un primer momento pensé: le digo que lo compré para un amigo, pero rápidamente me dije no puedo mandar al frente a otro para salvarme. Así que reconocí que fumaba.

¿Desde cuándo? ¿Dónde fumas? ¿con quién? Una catarata de preguntas para intentar averiguar que cosa. De qué sirve saber dónde, con quien, desde cuándo, si el hecho es que fumaba. Y ahí vino la frase habitual: el lunes cuando vuelvas del colegio vas a hablar con tu padre. Era la respuesta que esperaba.

Mi viejo era docente hasta el mediodía y luego trabajaba en la secretaría de comunicaciones. Era un hombre recto que imponía presencia, era justo y duro. No era de maltratar pero si de imponerse con la presencia. En el colegio muchos lo respetaban y otros le tenían miedo. Si hasta algunas maestras les decían a sus alumnos, pórtense bien sino llamo al profesor Picolla. Ese era mi padre al que el lunes, luego del campamento, tendría cara a cara.

Y ese lunes llegó. Estábamos frente a frente en su habitación. Yo sentado al borde de la cama, él sentado en un sillón, mirándonos. No recuerdo mi estado emocional y supongo que debe ser por lo que paso después.

Me dijo tu madre que fumas, ¿es verdad? Si le dije.

Bien, no puedo decirte que no fumes porque yo fumo. Lo que si voy a decirte es que te vas a joder la vida si seguís fumando. Eso solo.

Nos levantamos y nos fuimos a almorzar.


Ese día aprendí una de las lecciones mas importantes de mi vida. No podes exigirle a alguien algo de lo que no sos ejemplo.

En el liderazgo, como en la vida, esto es indispensable e indiscutible.

Desde que lugar un líder puede exigir que le digan las cosas, cuando él no comunica nada. Exigir compromiso, cuando él no cumple lo que promete. Exigir que lo escuchen, cuando él no deja hablar a nadie. Exigir reconocimiento, cuando él solo ve recursos. Exigir respeto si ante un error ataca la dignidad de las personas. Desde que lugar.

Por eso como decía Gandhi, sé el cambio que quieres ver en el mundo.

Si quiere comunicación, comuníquese

Si quiere compromiso, cumpla lo que promete

Si quiere ser escuchado, primero comprenda al otro

Si quiere reconocimiento, reconozca a otros

Si quiere respeto, haga que las personas se sientan dignas.

Porque de eso se trata el liderazgo, de ser ejemplo.

Por eso, la cultura de una empresa es la expresión de los comportamientos del líder. Los comportamientos que quiere ver en su equipo deben ser los comportamientos que Ud. muestra. Las personas no compran palabras, compran hechos.

El liderazgo no empieza cuando exigimos, empieza cuando nos miramos. Cuando revisamos si lo que pedimos es lo mismo que estamos dispuestos a dar.

Mi padre no me pidió que hiciera algo distinto a lo que él hacía. Me mostró, sin decirlo, que el ejemplo es la forma más honesta de educar y de liderar.

Tal vez ahí esté la pregunta que todos los líderes deberíamos hacernos: ¿soy ejemplo de lo que espero de los demás?

 
 
 

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