top of page

Los tres tipos de managers que conviven en una empresa


Hay algo que con los años empecé a ver con bastante claridad en las organizaciones.

No todos los que ocupan posiciones de liderazgo… lideran. De hecho, más que estilos, lo que veo son tres formas muy distintas de entender el rol y su foco en algunas de las dimensiones que una organización tiene: la tarea, las relaciones y las personas.

El primero es el más conocida. El jefe.

No hace falta describirlo demasiado porque todos, en algún momento, nos cruzamos con uno. Es el que cree que liderar es tener el control, el que necesita que todo pase por él, el que habla más de lo que escucha, el que confunde respeto con miedo.

Todo gira alrededor suyo. Decide solo, controla todo, no confía. Y cuando algo sale bien, el mérito es propio, pero cuando sale mal, siempre hay alguien a quien señalar.

No le interesa demasiado cómo se sienten las personas. Lo importante es el resultado, y para lograrlo, utiliza lo que mejor conoce. La presión.

El problema del jefe no es solo lo que genera en el corto plazo, es lo que deja en las personas. Silencio, desconfianza, desgaste. Equipos que trabajan para no equivocarse, no para crear. Además, por su forma de gestionar se convierte en el techo del crecimiento de la organización

En definitiva, la única dimensión a la que el jefe le da toda su atención es la de la tarea. Las otras dos le importan muy poco.

Después aparece una segunda versión, el gerente consciente.

Alguien que entendió que liderar no puede ser como antes.

Hace un esfuerzo genuino por cambiar. Escucha más, delega, se muestra más abierto, intenta comprender antes de juzgar. Quiere hacer las cosas bien y muchas veces lo logra.

El problema aparece cuando la presión aumenta. Cuando los números no dan, cuando el contexto aprieta, cuando las decisiones se vuelven incómodas. Ahí, muchas veces, vuelve a lo conocido.

Y lo conocido suele ser lo mismo de siempre, cuidar el resultado… aunque eso implique no cuidar a las personas. No siempre desde un lugar frío, a veces desde el miedo. Miedo a no cumplir, a fallar, a perder.

Y entonces aparece una decisión que muchas empresas conocen demasiado bien, ajustar por las personas.

El foco del gerente consciente son las dimensiones de la tarea y de las relaciones. La de las personas la mira parcialmente.

Hay un tercer tipo de mánager, mucho menos frecuente pero profundamente transformador. El líder.

No el del título, el de verdad. El que entiende algo que cambia todo, que las personas no son un medio para lograr resultados, son el propósito.

Este líder no busca seguidores, busca impacto. No mide el éxito solo por números, lo mide por la huella que deja en la vida de los demás.

Sabe que una empresa puede ser rentable y al mismo tiempo profundamente humana. No porque sea ingenuo, sino porque entiende que cuando las personas se sienten cuidadas, ocurre algo extraordinario. Se comprometen, crean, crecen y hacen crecer a la organización.

Este líder no toma decisiones fáciles, toma decisiones coherentes. Sostiene valores cuando es difícil sostenerlos, protege a su gente cuando la presión aparece y entiende que liderar implica una responsabilidad que va más allá del resultado. Cuidar vidas.

No es perfecto, pero es consciente. Sabe que cada persona que trabaja con él es el hijo o la hija de alguien que espera que sea tratado con dignidad. Y eso no lo negocia.

El líder es el único que sabe que la efectividad en las tres dimensiones hace que la organización tenga éxito.

Por eso, más que preguntarnos qué tipo de empresa queremos construir, tal vez la pregunta sea otra. Más incómoda, más personal.

Cuando liderás… ¿desde dónde lo hacés?

Porque al final del día, no se trata del cargo, se trata de la forma en que elegís ejercerlo.

Y esa elección debe sustentarse en la pasión por ver a las personas crecer y en trascender a través del legado que dejes.

 

 

 
 
 

Comentarios


bottom of page