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No vuelvas a ser el de antes

hace 1 día
3 min de lectura

Hay una pregunta que aparece cada tanto en entrevistas o conversaciones personales: si pudieras volver atrás, ¿hay algo de tu vida de lo que te arrepentís?

Mi respuesta suele ser que no me arrepiento de nada, aunque reconozco decisiones que hoy tomaría de otra manera y errores cuyas consecuencias tuve que asumir. Sin embargo, cada vez que imagino la posibilidad de borrar alguna de esas experiencias aparece una pregunta que me resulta difícil responder: ¿quién sería yo hoy si realmente pudiera hacerlo?

Hace un tiempo conocí una antigua técnica japonesa llamada kintsugi que me ayudó a pensar esta pregunta desde otro lugar. Cuando una pieza de cerámica valiosa se rompe, puede ser reparada uniendo sus fragmentos con una laca especial y resaltando las uniones con polvo de oro. La reparación queda a la vista y la pieza adquiere una apariencia diferente. Aquello que le ocurrió pasa a formar parte de su historia y también de la pieza que existe después de la reparación.

Pensé que quizás con nosotros sucede algo parecido. Después de algunas experiencias difíciles solemos decir que queremos volver a ser los de antes. Extrañamos la confianza con la que vivíamos antes de una decepción o aquella manera de mirar la vida que teníamos antes de atravesar algo que nos cambió.

Con el tiempo empecé a preguntarme si volver es realmente el objetivo, porque la persona que éramos antes todavía no sabía lo que nosotros sabemos ahora. Algunas decisiones equivocadas modificaron nuestra manera de elegir, ciertas experiencias nos hicieron revisar convicciones que parecían definitivas y también hubo momentos que terminaron enseñándonos algo sobre nosotros mismos que hasta entonces desconocíamos.

Ahí aparece una paradoja que me resulta particularmente interesante, muchas veces juzgamos una decisión del pasado con una claridad que adquirimos, en parte, gracias a haber vivido sus consecuencias. El que hoy mira hacia atrás y piensa “qué equivocado estaba” ya es una persona diferente de aquella que tomó la decisión. Entre ambos está justamente la experiencia que ahora quisiera borrar.

Por eso mi relación con el arrepentimiento fue cambiando, puedo mirar hacia atrás, reconocer un error y asumir lo que produjo. También puedo reparar lo que todavía sea posible y utilizar ese aprendizaje frente a las decisiones que vendrán. Aceptar mi historia significa para mí reconocer que aquellas experiencias también participaron de la persona en la que me convertí.

Ahí es donde el kintsugi adquiere un significado especial, la fractura forma parte de la historia de la pieza y la reparación muestra lo que ocurrió después. Alguien tomó esos fragmentos y construyó con ellos una pieza diferente. Llevada a nuestra vida, la imagen me hace pensar que las grietas representan aquello que vivimos y el oro, el aprendizaje que fuimos capaces de obtener de esa experiencia.

Quizás por eso algunas partes de nuestra historia que durante años hubiéramos querido esconder empiezan a verse diferentes con el paso del tiempo. Seguimos recordando lo difíciles que fueron e incluso podemos desear haber actuado de otra manera, mientras reconocemos que algo de lo que hoy sabemos nació allí.

Integrar esas experiencias nos permite darles un lugar dentro de una historia mucho más grande. Lo vivido deja de ser solamente aquello que ocurrió y se convierte también en aquello que hicimos con lo ocurrido. Eso es lo que quiero decir cuando afirmo que no me arrepiento de nada.

Acepto mi historia completa, con las decisiones acertadas y con aquellas que hoy tomaría de otra manera. Sé que hubo versiones de mí mismo que entendían el mundo de una forma distinta y que cada una fue dejando algo en la siguiente. Si pudiera quitar determinados capítulos de mi historia, probablemente también desaparecerían algunos de los aprendizajes que me permitieron llegar hasta acá. Quizás reconstruirse tenga que ver con eso: dejar de perseguir a la persona que éramos antes para empezar a reconocer a la que apareció después.

El kintsugi conserva las marcas porque pertenecen a la historia de la pieza. Nosotros también llevamos las nuestras, aunque muchas solamente las conozcamos nosotros, y cada una habla tanto de lo que vivimos como de lo que fuimos capaces de hacer después.

Tal vez algún día podamos mirar nuestra historia completa y descubrir que parte de lo que hoy somos nació precisamente allí, en aquellos lugares donde alguna vez tuvimos que reconstruirnos.

 

 
 
 

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