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¿De quien es la tierra?



Había una vez un pequeño pueblo en el que todos los habitantes se conocían desde hace generaciones. En ese pueblo, existía una tradición: cada año, todas las familias se reunían en la plaza central para discutir y tomar decisiones importantes para la comunidad.

Un año, sin embargo, surgió un conflicto que parecía insuperable. Dos familias, los Fernández y los Gómez, habían compartido un pedazo de tierra durante años, pero las fronteras se volvieron borrosas con el tiempo. Los Fernández creían que la tierra era suya, mientras que los Gómez sostenían que les pertenecía a ellos. La tensión en el pueblo creció y las conversaciones se volvieron cada vez más difíciles.

Los líderes de ambas familias, Don José Fernández y Don Pedro Gómez, decidieron finalmente que debían resolver el conflicto antes de que la disputa se convirtiera en un enfrentamiento violento. Convocaron a una reunión especial en la plaza central, donde todos los habitantes del pueblo se congregaron.

El sol brillaba en lo alto cuando comenzaron la conversación. Ambos líderes expresaron sus puntos de vista con pasión, pero la audiencia no estaba dispuesta a tomar partido. Los gritos y acusaciones llenaron el aire, y la tensión era palpable.

Fue entonces cuando una niña pequeña llamada Ana se acercó tímidamente al frente. Con ojos inocentes y una voz suave, preguntó: "¿Podríamos escuchar la historia de la tierra según nuestros abuelos?".

Don José y Don Pedro se miraron y asintieron. Ambos habían oído las historias de sus abuelos sobre la tierra en disputa, pero nunca las habían compartido con nadie más. Ana invitó a los ancianos del pueblo a hablar, y cada uno contó su versión de la historia.

Las historias eran diferentes, pero tenían un punto en común: ambas familias habían compartido la tierra en armonía durante generaciones. Algunos detalles habían sido olvidados con el tiempo, pero la esencia era clara: la tierra era de todos.

La plaza se llenó de susurros y miradas comprensivas mientras los habitantes del pueblo asimilaban las historias. Finalmente, Don José y Don Pedro se dieron cuenta de que la verdadera tradición de su pueblo era la unidad y la colaboración, no la discordia.

Se abrazaron y, con lágrimas en los ojos, acordaron compartir la tierra como lo habían hecho sus antepasados. La conversación difícil se había convertido en un momento de reconciliación y entendimiento.


La historia que relata el cuento muestra como pueden resolverse efectivamente las conversaciones difíciles. El problema es que en la mayoría de estas conversaciones no existe una niña que indique la forma de resolverla.

Como las familias del cuento, en las conversaciones difíciles las partes intentan imponer su posición sobre la otra. Asumen que todo lo saben y que no necesitan escuchar nada, solo ver como ganarle al otro. Si una parte tiene razón, la otra está equivocada y nadie quiere estar equivocado, por lo tanto se convierte en una puja que no logra moverse desde donde está. Si además, las partes no gestionan efectivamente sus emociones es imposible resolver el conflicto.

Sin embargo, hay una manera de intentar hacer que las conversaciones difíciles sean efectivas.

¿Cómo?

  1. Ir con la actitud de resolver el conflicto por encima de tener razón o lo que uno quiere.

  2. Tener claro porque es importante para mí resolverlo

  3. Escuchar para comprender qué es importante para la otra parte. Dos cosas aquí: escuchar para comprender no para manipular y enfocarse en lo qué es importante para el otro no en lo que quiere.

  4. Expresar de tal manera que la otra parte pueda comprender mi interés.

  5. Cerciorarme que me comprendió

  6. Proponer qué compromisos asumen para resolver el conflicto


Las personas rara vez disienten por los hechos, lo que resulta irritante es la interpretación de los hechos.
Fred Kofman


Ese día, el pueblo entero aprendió una lección importante: las conversaciones difíciles pueden resolverse cuando se escuchan y se entienden las historias de los demás. A partir de ese momento, la comunidad prosperó, recordando siempre que la verdadera riqueza estaba en la unión y la comprensión mutua.


Ud. ¿qué aprendió de esta historia?

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