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Es la serpiente, no el bulto

Hoy te voy a contar una historia sufí y dice así:


“Un mercader de alfombras vio que su alfombra más bella tenía un bulto en el centro. Se plantó sobre el bulto para achatarlo, y lo consiguió. Pero el bulto reapareció en otra parte. Saltó de nuevo sobre él, y desapareció momentáneamente para reaparecer en otra parte. El mercader saltó una y otra vez, restregando y estropeando la alfombra en su frustración; hasta que al final alzó una esquina de la alfombra y vio salir una malhumorada serpiente.”


A menudo las empresas me solicitan alguna capacitación referente a un tema en especial, por ejemplo, comunicación. Gustavo, tenemos problemas en la coordinación de acciones y necesitamos un curso de comunicación. Supongamos que imparto el curso sobre comunicación, y que los asistentes aprenden las distinciones que hacen a las conversaciones para la coordinación de acciones. Luego vuelven a su rutina diaria, intentan aplicar las distinciones aprendidas, pero ante un inconveniente en la coordinación, como por ejemplo que no se cumple con un compromiso asumido, nada sucede. No hay reclamo, tampoco disculpa o tal vez escuchamos la tan conocida frase “acá las cosas siempre se hacen así”. Las empresas aplastan el bulto de la comunicación cuando en realidad lo que deberían hacer es revisar la serpiente, que es el sistema. Recetan sin diagnosticar.


El problema es que la mayoría de nosotros, tanto en nuestra vida personal como la profesional, tratamos de buscar atajos. Pisamos el bulto creyendo que haciéndolo se van a solucionar todos los problemas. Al pisar el bulto este desaparece, eso nos tranquiliza, pero con el correr del tiempo, el sistema nos devuelve otro problema con la aparición de un nuevo bulto en otro lado. Bajamos la fiebre con el antídoto pero la infección sigue su curso por dentro.


En mi opinión, esto es así fundamentalmente por dos motivos. El primero es que no se aplica el pensamiento sistémico. Tratamos de solucionar un problema en lugar de analizar las interrelaciones, las causas que pueden estar generando ese problema. El segundo motivo es que no analizamos los principios. Un principio es como una ley natural, en el agro uno sabe que puede sembrar hoy y va a cosechar dentro de un período de tiempo. Si no respeta ese tiempo es imposible que coseche. Cuando tenemos que analizar sistemas, conductas, incluso los procesos que existen en las empresas, ignoramos los principios, preferimos los atajos así solucionamos los problemas más rápido. Por ejemplo, no existe un curso de liderazgo que mejore el liderazgo de la empresa si no existe confianza. Sin confianza no hay liderazgo. Sin embargo, se aplica la creencia de que un curso de liderazgo resolverá la falta de confianza en el sistema.

Así que te desafío a que la próxima vez que pienses que el problema es la comunicación, que el problema es el liderazgo o que el problema es alguna otra cuestión, reflexiones acerca del sistema, de las causas y los principios que puedan estar influyendo para que el problema se manifieste a través de la comunicación o el liderazgo.


“cuando las personas se comportan de cierta manera repetidamente, el problema no son las personas, el problema es el sistema” William Deming

Diagnostica antes de recetar.

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