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La gran diferencia






Había una vez en un pequeño pueblo, un viejo árbol de Navidad llamado Estrella. Estrella siempre destacaba con su resplandor y elegancia, pero este año, algo especial sucedió. La noche antes de Navidad, las luces de Estrella se volvieron más brillantes y mágicas.

Resulta que Estrella tenía el don de inspirar a otros árboles a brillar con su luz. Pronto, los árboles a su alrededor comenzaron a iluminarse, creando un resplandor encantador en todo el pueblo. Estrella se convirtió en el líder de los árboles, guiándolos con su luz y elevando el espíritu navideño.

En el corazón del pueblo, vivía un anciano llamado Don Manuel, conocido por su sabiduría y bondad. Al ver el resplandor de los árboles, Don Manuel entendió el mensaje: el verdadero liderazgo radica en inspirar a otros para que compartan su luz interior.

Don Manuel reunió a la comunidad y les recordó el poder de la unidad y la inspiración. Juntos, comenzaron a decorar todo el pueblo con luces y adornos, extendiendo la alegría navideña a cada rincón. Estrella se convirtió en el símbolo de liderazgo, recordándoles a todos que cada uno tiene la capacidad de iluminar el camino de los demás.

La magia de Estrella no solo iluminó el pueblo esa Navidad, sino que dejó una huella duradera. La gente aprendió que el liderazgo no se trata solo de brillar por uno mismo, sino de guiar a los demás para que también brillen. Desde entonces, cada año, el árbol más antiguo y sabio del pueblo asumía el papel de líder, recordándoles la importancia de compartir la luz de la bondad y la compasión en la temporada navideña y más allá.

 

¿Qué nos inspira de un líder?


Lo que nos inspira de un líder puede variar según las personas y sus valores individuales. No obstante, un líder inspirador nos inspira porque persigue un propósito que trasciende su vida proporcionando dirección y guía para seguir adelante con entusiasmo y compromiso.

Su coherencia entre las palabras y las acciones, así como la ética en la toma de decisiones, generan confianza y respeto.

Tiene una enorme capacidad de comprender y compartir los sentimientos de los demás, construyendo relaciones sólidas y creando un ambiente en el que los miembros del equipo se sienten valorados y respaldados.

Es un líder que reconoce sus propias limitaciones y está dispuesto a aprender de los demás, generando un ambiente de colaboración y apertura que  fomenta la innovación y el crecimiento personal y profesional de quienes lidera.

Es motivador, no solo a través de recompensas tangibles, sino también mediante el reconocimiento y la valoración del esfuerzo y los logros individuales y colectivos.

Tiene capacidad para superar desafíos y aprender de los fracasos, inspirando a otros a enfrentar dificultades con determinación y optimismo.

Genera confianza, ya que es auténtico, genuino, abierto y transparente, lo que facilita una conexión más profunda con los demás.

Es un líder efectivo que confía en su equipo y delega responsabilidades. Esto no solo empodera a los miembros del equipo, sino que también muestra confianza en sus habilidades y contribuciones.

Adopta un enfoque de liderazgo servicial, poniendo las necesidades de su equipo antes que las suyas propias, generando un sentido de compromiso y lealtad.

En definitiva, la inspiración proviene de la capacidad del líder para influir positivamente en las vidas de los demás, para motivar, guiar y contribuir al crecimiento y éxito colectivo.

Simon Sinek sostiene que:


solo hoy dos formas de influir en el comportamiento humano: puedes manipularlo o puedes inspirarlo.

 

El líder inspira, el gerente manipula, esa es la gran diferencia entre ambos.


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